Las misericordias de Dios se renuevan cada mañana

Las miserias también se renuevan

“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad”.

Lamentaciones 3: 22-23

Estos versículos me hacen pensar, con tal claridad, que Dios no provee nada que no tenga propósito, él trabaja con sentido, es Dios de planes y todo lo que obra tiene razón de ser, y si Dios como Padre bueno provee sus misericordias renovadas cada mañana es porque cada mañana vuelven a florecer nuestras miserias.

Si no fuese por las miserias, la misericordia de Dios no tendría sentido. Si no fuese por el pecado la ley de Dios no tendría sentido. Si no fuese por nuestra injusticia la gracia de Dios no tendría sentido. Son nuestras fallas las que dan cumplimiento a Su palabra y es llamado justo en esta tierra, donde estamos temporalmente para ser probados y aprobados como oro refinado (“Porque el valor del oro se prueba en el fuego, y el valor de los hombres en el horno del sufrimiento.” Eclesiastés 2:5).

Reconocer las bondades de Dios se hace más franco cuando lo hacemos paralelamente con un corazón que reconoce ante el cielo y la tierra que esas bondades bajan a este mundo atraídas por nuestras maldades, esas que también se renuevan cada mañana en nosotros, como lo hace Su misericordia, con la gran ventaja de que por Su Gracia somos inmediatamente perdonados, si nos humillamos bajo la poderosa Mano de Dios.

Este precioso acto de humillación bajo la poderosa Mano de Dios descrita en 1 Pedro 5, del verso 6 al 10 “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo…” habla sobre la “diestra de Dios” descrita en diferentes pasajes de la Biblia, uno de los más claros en relación de ambos términos es el Salmo 89:13 “Tú tienes un brazo fuerte; tu mano es poderosa, tu diestra es exaltada.”  

Es la diestra de Dios un modo emblemático, poético, simbólico en la Santa Palabra para describir la acción de justicia del Rey, sus actos potentes de equidad (definida por la RAE como “Bondadosa templanza habitual, propensión a dejarse guiar, o a fallar, por el sentimiento del deber o de la conciencia, más bien que por las prescripciones rigurosas de la justicia o por el texto terminante de la ley. – “Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece.” ¿Qué quiere decir todo esto?, que equidad no es igualdad, equidad es igualdad de justicia.

Dios no reparte sus dádivas en partes iguales sino que con igualdad juzga a cada uno para dar lo que es justo a cada cual y es aquí donde vemos su más intenso acto de misericordia sobre nosotros: si Dios, como Rey, nos diera lo que merecemos entonces fuésemos consumidos como dice el primer verso citado de Lamentaciones (3:22-23), y es por eso que entra la ley de Su misericordia, que Jesús nos mandó a averiguar lo que significaba, y esto lo encontramos en Mateo 9:13 “Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.” “Misericordia quiero” es una expresión de Jehová en Oseas 6:6 exhortando al pueblo de Israel a volver a Su camino.

¡Sigamos el consejo de Jesús! Aprendamos algo más de misericordia: En la RAE la cuarta definición de esta palabra es “Atributo de Dios, en cuya virtud perdona los pecados y miserias de sus criaturas.” Es decir que la ley de misericordia de Dios es la que sopesa Su diestra contra nosotros para ponerla más bien a nuestro favor no dándonos el castigo que merecemos por nuestras miserias como pecadores sino, con equidad, dándonos las lecciones que cada uno puede soportar. Ustedes no han pasado por ninguna prueba que no sea humanamente soportable. Y pueden ustedes confiar en Dios, que no los dejará sufrir pruebas más duras de lo que pueden soportar. Por el contrario, cuando llegue la prueba, Dios les dará también la manera de salir de ella, para que puedan soportarla.” 1 Corintios 10:13

¿Pueden ustedes ver y agradecer su preciosa misericordia?

No saber aplicar la autocompasión nos lleva a pecar suplicando contra la prueba en lugar de suplicar contra nuestra propia miseria (“Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles;” Romanos 8:26). La autocompasión, por lo general invertida, nos lleva a clamar para que pare la prueba cuando el clamor conforme al corazón de Dios es que con autocompasión que es perdonándonos a nosotros mismos y reconociendo nuestra debilidad clamemos para la transformación de aquella miseria que no nos deja superar la prueba en fortaleza por medio de su gloria, pues las miserias son nuestras debilidades (2 Corintios 12:9).

“Misericordia quiero”dice el Señor. ¿Qué tanta estás dándole a Dios lo que quiere? ¿Qué tanta misericordia le estás entregando al Padre por medio del miserable, que somos todos en esta tierra de pruebas mañana tras mañana (Eclesiastés 2:5)?

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