Comida sin saciarse

Tu cuerpo pide amor, y Satanás es un mentiroso

“Tus olas han pasado sobre mí… Todas tus ondas…”

Dice el Salmo 42 verdad pura y redonda al pensamiento, sin filos, sin esquinas, sin tropiezos. Verdad indiscutible, y es que la presencia de Dios se siente, no solo en el alma, sino en todo el cuerpo, en la piel, en los huesos. La Presencia de Dios la percibes por medidas de peso, temperatura, textura, consistencia, aroma, color, sonido. En este plano físico de la vida la presencia de Dios es perceptible por el cuerpo, y es imposible que el alma y el espíritu tengan una sensación que el cuerpo no traduzca y proyecte, porque las tres áreas de nuestro ser (cuerpo, alma y espíritu) son, a su vez, una sola.

Es bastante probable que varios de los que leen este artículo hayan sido unos de los que han tenido sueños en los que conversan con alguien sin necesidad de mover sus labios o sus rostros, emitir palabra o sonido alguno, y ni siquiera usando solo el pensamiento, sino como si en ese sueño su voz se tradujera en ondas que brotan de su espíritu hacia
el espíritu de la persona con la que está conversando.

He escuchado a personas que han tenido este tipo de sueños; yo los he tenido varias veces (gracias a Dios porque ¡amo tenerlos!), y eso me hace comprender aún más que hay otro plano donde nuestro cuerpo no tiene fronteras, y automáticamente esto nos muestra la contraparte de que en este plano las fronteras de nuestro cuerpo pueden ser claras líneas guías para reconocer el lenguaje de la vida misma diseñada por el Padre para esta Tierra, y así mismo reconocer las sensaciones que antes hemos condenado o ignorado pero que son perfectamente puras, sanas y buenas, como la voluntad de Dios.

Es decir, estos canales físicos de comunicación a la vista de los hijos de Dios son como la Internet: muchos le condenan porque es puerta de pecado, pero la verdad es que es uno de los milagros más grandes de la comunicación humana y lo único que debemos hacer es saber cómo utilizarla para que sea de beneficio y no de tentación, restándonos tantas maravillas que experimentar del Padre.

Esto me hace entender con claridad, y escribo para que tengas la misma experiencia, que si “toda la creación gime por la manifestación de los hijos de Dios”, no es en lo absoluto descabellado pensar que nuestro cuerpo también gime porque nosotros mismos nos deleitemos en la presencia de Dios. Que si Jesús habla en un lenguaje alimenticio al decirnos que Él es pan y agua, es porque la carne está en el asunto. Que si Dios Padre se refiere a momentos de satisfacción de justicia como banquetes para comer en presencia de nuestros enemigos es porque el cuerpo está en el asunto.

Y sé que para muchos esto no es una revelación, porque algo de lo que nos hemos hecho conscientes con los años es de que nuestro cuerpo necesita a Jesús, y de allí han venido nuevas culturas de vida y salud a los hábitos de la iglesia moderna, pero no es el punto donde quiero parar hoy, sino la contraparte que Satanás enfrenta a nosotros. Quiero que tus ojos se abran en esta dirección y hagas cosas maravillosas con esta información.

En Mateo 4 vemos la conversación que Jesús sostuvo con Satanás, donde claramente el Señor defendió a toda la humanidad al defender su espíritu, bloqueando una necesidad física frente a una oferta del Diablo, quien dijo a Jesús: “convierte estas piedras en pan”,
y esto quiere decir que, como humanidad, Satanás nos aborda de inmediato cuando tenemos cualquier necesidad física, y hemos satanizado las necesidades físicas como si ellas fuesen el conflicto, cuando el conflicto es, ni siquiera el cómo saciarnos, sino el “cuándo” y el “quién” lo sugiere, porque no veo ningún obstáculo en que Jesús haya
convertido piedras en pan en cualquier otro momento así como convirtió agua en vino, pero en este milagro el “quién” y el “cuándo” eran muy distintos, aunque la necesidad seguía siendo física: hacía falta vino para beber.

El problema es el quién oferta la saciedad y el cuándo saciarla, y no la necesidad en sí misma. El cuerpo pedirá lo que necesite como un niño, pero somos nosotros los responsables de discernir si esa necesidad es vital o no. Jesús tenia cuarenta días sin comer, ¡tenía hambre! Y no era vital que comiese en ese momento, ¿de verdad esa necesidad de la que te quejas la consideras inevitable?

La verdad es que el cuerpo no tiene que “madurar”, no tiene que “ser sabio”, no está hecho para pensar por sí mismo, porque el cuerpo no tiene voluntad y, por ende, él no es el culpable o responsable del cómo es saciado. Él solo es un decodificador de los lenguajes del cielo y se somete a la voluntad de nuestro espíritu, que al mismo tiempo debería ser fuerte para someter la influencia de nuestra alma que, al igual que el cuerpo, no es mala, solo requieren ser pastoreados, liderados.

El cuerpo solo es un “materializador” —por llamarlo de una manera—, es decir, un traductor de todo lo espiritual que habita por encima de nosotros, y este es el segundo punto que deseo que hoy reconozcas y no sueltes nunca más: Satanás puede usar tus necesidades de Dios para engañarte, diciéndote y haciéndote sentir que tú no te sacias lo suficiente del Espíritu, cuando claramente el verso 7 del Salmo 42 dice que “un abismo llama al otro a la voz de sus cascadas”, es decir, que mientras más estás sumergido en la Presencia, más la necesitarás, y si no estás cubierto mentalmente, Satanás te envolverá en una cruel sensación de insatisfacción culpándote de que no buscas lo suficiente el Amor del Padre y, por ende, no estás saciado, cuando la verdad es que funciona al inverso: tu cercanía al Espíritu es tal que tu cuerpo pide más y más de esa cascada que se traduce en amor, porque así funciona la creación, al inverso (que en realidad es al derecho, porque es el Reino el que señala las reglas en dirección correcta).

Así que si te has sentido abatido como hijo por no haber sido “suficientemente” constante con Dios en intimidad y lo que te señala es esa sensación física de no saciarte jamás de su amor, sé libre en tu pensamiento, Satanás te ha mentido.

Si tu diagnóstico no es ese, sino que te sientes satisfecho, cuida tu corazón de la comodidad espiritual, que es otro engaño, pero si tu diagnostico es como el descrito anteriormente, la verdad es que estás más cerca del Padre de lo que crees y tu propio cuerpo está insistiendo en beber y comer más de su amor, cuando antes solo pedía el amor de alguien más (pan natural), pero ahora él pide pan de vida eterna y jamás se saciará, pues cuando Jesús dijo a la samaritana: “si supieras quién te habla tú le
darías de beber [y] el que bebiere de esta agua nunca más tendrá sed”, se refirió a la sed natural que, al no estar sometida a la Palabra, nos empuja físicamente a querer beber las aguas de la pasión sexual, emocional, alimenticia (gula), ira, incredulidad, entre tantas otras dependencias que son aquel pan que Satanás pidió a Jesús que sacará de las piedras en el desierto donde Jesús estaba siendo envestido de Poder y Autoridad para luego saciar al mundo del Espíritu de Dios.

Y como tercer y último regalo de este artículo, quiero que recuerdes que cuando Jesús dijo esas palabras a la samaritana él estaba en ayuno porque sus discípulos le ofrecieron pan que habían ido a comprar y él se negó a comer porque estaba saciado, ¿saciado de qué?, de la mera Presencia de Dios, y esto quiere decir que: ya Jesús está saciado, tú no tienes que llenarle, no eres responsable de saciarlo con las buenas obras con las que Satanás te quiere acusar.

No has decepcionado a Jesús, tampoco has dejado de alimentar su corazón porque él ya está satisfecho en sí mismo como lo estaba hace más de 2.000 años cuando caminaba con sus primeros discipulados, y su único propósito en tu paso por esta Tierra es acompañarte a que día a día tú también aumentes en saciedad así como él ya está plenamente saciado al dar Amor.

Nada de lo que le des o dejes de darle a Jesús en este ejercicio de la vida construirá el total de tu relación con él, porque este paso por la Tierra, lo máximo que llegará a ser es como una vista borrosa de lo que viene, porque vivimos un proceso de purificación para
cuando venga el tiempo de una relación nítida, cara a cara, en los día de gloria venidera, que serán una vez que todo lo que vemos y conocemos haya pasado y podamos estar saturados de su pura Gloria, en su Presencia, habitando en una Nueva Ciudad.

Haz como Jesús y guarda tu cuerpo en las cascadas del Creador. Dale a tu cuerpo cuanto de Dios te pida sin esperar que sea saciado para siempre, porque él ahora podrá ayunar cualquier pan de esta Tierra, pero se desesperará por el pan del Cielo mediante te acerques más a Él, así que no permitas que Satanás te digas estas tres mentiras:

  1. Que el pan de esta Tierra es lo único que tu cuerpo pide cuando caminas con Dios.
  2. Que una vez que no has caído en convertir las piedras en pan te acuse de que tu cuerpo pide Pan de Vida eterna porque tú eres un inconstante que nunca lo alimentas lo suficiente, y que por eso:
  3. Jesús está lastimado contigo, porque has dejado de llenarlo tú a Él con tu intimidad.

Dios ya está saciado y permanece en “ayuno” del pan de esta Tierra para que tú también puedas hacerlo y te deleites con toda libertad en el Pan del Amor de su Presencia.

En mi opinión, Jesús murió en ayuno (del pan de esta Tierra), y resucitó en saciedad (de la Presencia del Espíritu).

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