Johann Sebastian Bach y su concepción de la música

Johann Sebastian Bach y el propósito de la música

¡Cuánto poder hay en la música! Hay acordes y melodías que elevan el corazón del hombre a un estado perfecto de exaltación a Dios. Son sonidos que el Creador, en su infinito amor y gracia, quiso entregar a los hombres para recordarnos que él existe y está siempre con nosotros. Y si alguien tiene duda de ello, que disfrute la música de Johann Sebastian Bach.

Muchos, incluso aquellos que se consideran pocos devotos o ateos, confirman la existencia de Dios sólo con escuchar las composiciones de este maestro alemán. Como bien dijo una vez Goethe“Al oír la música de Bach tengo la sensación de que la eterna armonía habla consigo misma, como debe haber sucedido en el seno de Dios poco antes de la creación del mundo”.

Si tantos coinciden en la misma idea es porque, en efecto, hay algo especial en las creaciones de Bach. Quizá el secreto está en su concepción del arte: “El propósito de la música debe ser para la gloria de Dios y la recreación del espíritu humano”.

Después de eso, no había nada de especial. “Sólo se trata de golpear las notas adecuadas en el momento adecuado y el instrumento hace el resto”, dijo en una ocasión, cuando alabaron su grandiosa habilidad como organista. En otro momento, mientras daba clase a uno de sus alumnos, comentó: “Simplemente practica con diligencia y todo irá muy bien; tienes cinco dedos en cada mano tan sanos como los míos”.

Allí radica la majestuosidad de su obra creadora: en exaltar al único que es digno de ser exaltado. Y no sólo lo hacía con el arte, sino con toda su vida. De hecho, a lo largo de sus 65 años de edad estuvo siempre tocando en la iglesia (era luterano). Sólo una vez tomó un trabajo fuera de la congregación, siendo el maestro de capilla de la corte del príncipe Leopoldo. Pero para él, ese ambiente resultaba de distracción, por lo que más pronto que tarde lo dejó para aceptar “una posición más baja”, dirían algunos, como responsable de música en una iglesia de Leipzing, y así poder estar, nuevamente, en su mundo sin aclamaciones.

Es que para él, todo tenía sentido en el Señor: “Donde hay música devocional, Dios está al alcance de la mano con su graciosa presencia”.

Esa búsqueda fue la que hizo que Johann Sebastian Bach dejara un legado en la historia de la música. Su talento, su carrera, siempre fueron para el Señor y para otros, no para él. Por eso, cuando al sentarse a oír una obra de este hombre, bueno sería reflexionar en cómo su corazón deseaba glorificar a Dios, y así poder comprender el verdadero propósito de la música.

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